Puebla sin anuncios

En este espacio propongo algo sencillo: quitar todos los anuncios, toda la publicidad de las calles de Puebla.

Alrededor de esta propuesta hay una idea de ciudad, de lo que quisiera que fuera esta ciudad en la que nací y vivo. Estoy recabando textos, ideas e imágenes para pensar con otros la ciudad. Lo que debiera ser una ciudad. Lo que queremos que sea Puebla y lo que no queremos para ella.

Hay mucho qué decir, anímate: decirlo ya es hacerlo real.


Escribe tus comentarios directamente en cada texto del blog.

Si tienes un texto que quisieras publicar en el blog mándamelo y lo subo de inmediato. Sólo que de plano a mi juicio no venga al caso no lo subiré. De otra manera aquí lo verás, digas lo que digas.



Si quieres comunicarte directamente conmigo mi dirección de correo es escalera@profetica.com.mx


José Luis Escalera



No hay anuncios en Sao Paulo, Brasil

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jueves, 5 de agosto de 2010

El anuncio del panadero

Robert Walser, escritor y caminante,  escribió "El Paseo" a principios del siglo XX, siglo de guerras y horrores, el marketing entre ellos.  De ahí este párrafo que podría aplicarse a un recorrido por esta Puebla de los Ángeles, de Zaragoza y de los anuncios:

" Bastante desanimado, por Dios, puede quedarse un hombre recto en vista de tan bárbaras muestras doradas, que imprimen al paisaje en el que nos encontramos un sello de interés, avaricia, mísero y desnudo embrutecimiento del espíritu. ¿Necesita en verdad un sencillo y honrado panadero presenterse de modo tan grandilocuente, brillar y relmapaguear al sol con su torpe anuncio de oro y plata, como un príncipe o una dudosa dama coqueta? !Que hornee y amase su pan con honor y razonable modestia¡ En qué clase de mundo de engaño empezamos o hemos empezado ya a vivir cuando el municipio, la vecindad y la opinión pública no sólo tolera, sin que al parecer desdichadamente incluso ensalza aquello que ofende a todo buen sentido, a todo sentido de la razón y del agrado, a todo sentido de la belleza y de la probidad, aquello que se jacta de manera enfermiza, que se otorga un ridículo prestigio de barrio bajo, aquello que a cien y más metros de distancia grita al buen y honrado aire: "Soy esto y lo otro. Tengo cuanto y tanto dinero, y puedo permitirme llamar desagradablemente la atención. Sin duda soy un bruto y un majadero y un tipo sin gusto, con mi fea pompa; pero nadie me puede impedir ser bruto y majadero". ¿Guardan estas letras doradas, que se ven relucir desde lejos, estas letras espantosamente brillantes, cualquier relación aceptable, honradamente justificada, cualquier relación de sano parentesco con el... pan? !De ninguna manera¡ Pero las espantosas jactancia y bravuconería han empezado en alguna esquina, en algún rincón del mundo, a alguna hora, como una lamentable y penosa inundación, han hecho progreso tras progreso, arrastrando consigo basura, suciedad y necedad, extendiéndolas por el mundo y han arrastrado también a mi honrado panadero para echar a perder su hasta ahora buen gusto, para socavar su innato decoro. Daría mucho, daría el brazo izquierdo o la pierna izquierda, si con semejante sacrificio pudiera devolver al país y a sus gentes el viejo y buen sentido de la integridad, de la antigua sobriedad, aquella rectitud y modestia que sin duda se han perdido de muchas maneras y para desgracia de todos los hombres honrados. Al diablo con el ansia miserable de parecer más de lo que se es. Es una verdadera catástrofe, que extiende por el mundo el peligro de guerra, la muerte, la miseria, el odio y las heridas y le pone a todo lo que existe una indeseable máscara de maldad y fealdad.


Robert Walser, El Paseo

miércoles, 4 de agosto de 2010

Espejos falsos

"Es un tiempo de espejos, o de espejos falsos que reflejan el vacío, el tiempo publicitario que atonta y distrae, el tiempo en el que se enseña al consumidor a olvidarse de su propia persona y a convertirse en otro, en alguien que identifica lo deseado con lo superficial, lo inútil, lo estéril. Es el tiempo que quieren imponernos los sabios encantadores del mundo del comercio."


Alberto Manguel, La ciudad de las palabras

sábado, 24 de julio de 2010

Caminar






A la gente que va levantando polvo en un rugiente
automóvil les muestro siempre mi rostro malo y 
duro, y no merecen otro mejor. Siempre miro 
sombrío a las ruedas, al conjunto, y nunca a los 
ocupantes, a los que desprecio, en modo alguno de 
forma personal, sino por puro principio; porque no 
comprendo ni comprenderé nunca que pueda ser un 
placer pasar así corriendo hacia todas las 
creaciones y objetos que muestra nuestra hermosa 
Tierra, como si uno se hubiera vuelto loco y tuviera 
que correr para no desesperarse miserablemente.


Robert Walser  (El paseo)

domingo, 18 de julio de 2010

¿Y ahora qué?

Desde noviembre del año pasado no había escrito ni subido ningún texto ni foto a este blog. Parecería que me había olvidado del tema, que ya estaba ocupado en otras cosas, pero quienes tienen la mala suerte de tratarme creo que ya se dieron cuenta que sufro a esta ciudad, que me obsesiona y me duele; que no la dejo de ver, de pensar y de padecer.

Lo cierto es que hoy vuelvo a este blog con optimismo. A dos semanas de las elecciones, todavía me cuesta trabajo creer en los resultados, pues toda una vida viendo padecer a Puebla bajo gobiernos priistas habían construido una especie de resignación y antes del 4 de julio no me parecía que fuera a ser distinto. Me resignaba a más de lo mismo y felizmente me equivoqué.

Ahora el panorama es otro y se antoja pensar que hay razones para vivirlo con esperanza, a pesar de la decepción del foxismo y en general de la transición democrática mexicana. Qué le voy a hacer, me vuelvo a ilusionar. Ya lo hago con moderación, sin tanta ingenuidad, digamos que conozco mejor el percal.

Me parece que lo menos que podemos esperar de los que llegan es que inicien una nueva época para Puebla. Que provoquen una serie de cambios no solo en la manera de hacer las cosas sino en las cosas mismas que los gobiernos y los gobernantes hacen. Mi ingenuidad todavía es lo suficientemente grande para pensar que este blog, si acaso alguien lo lee, sirva para decir algunas cosas que con suerte provoquen ciertas reflexiones y discusiones que influyan en la agenda de los que toman las decisiones sobre los asuntos públicos en Puebla. 

A pesar del incremento de basura visual que provocaron las campañas electorales he visto con alegría que si bien lentamente y con dificultades, algunos anuncios empiezan a desaparecer de la ciudad de Puebla. Bien por Blanca Alcalá. Qué bueno que haya empezado a atender este tema. Lástima que los otros 216 municipios hayan permitido tantos anuncios nuevos. Lástima que le queden seis meses a su gobierno.

Con el nuevo gobierno estatal, con mayoría en el congreso local y con las principales municipios del Estado en manos de los candidatos de Compromiso por Puebla, ahora tenemos en Puebla la oportunidad de dar un paso adelante, importante y radical: quitar todos los anuncios de todas las ciudades del Estado de Puebla. 

Es la medida más sencilla, barata y rápida a favor del medio ambiente que se pueda tomar. Limpiar los contaminadísimos ríos poblanos (aunque al olvidable Zavala le parezcan excelsos), requiere inversiones millonarias y muchos años para cambiar hábitos y paradigmas en la población. Reducir los índices de contaminación del aire ni se diga. En cambio la contaminación visual se puede eliminar con una buena ley y su correcta aplicación. Esto no es caro. Se necesitan ideas claras y voluntad. En lugar de llenarnos la boca con frases bonitas sobre el medio ambiente y la importancia de un desarrollo sustentable, hagamos cosas. 

Las ciudades recuperarían su identidad visual, se verían mejor por estar más limpias. Gozaríamos más los volcanes, el entorno natural, los cielos azules. 

Reduciríamos los índices de ansiedad que causa la publicidad. Reduciríamos el consumismo. Avanzaríamos hacia una sociedad más orientada en el ser y no solo centrada en el tener. Con respecto al resto del país estaríamos a la vanguardia en algo que no fuera corrupción, opacidad en la gestión pública, pobreza y desempleo. 

Por fin algo positivo y de vanguardia en lo que Puebla se adelanta a todos. 

Acabar con la publicidad en los espacios públicos de las ciudades y carreteras del Estado de Puebla lo podemos hacer. Todos ganaríamos a excepción de los dueños de los anuncios -muchos de ellos por cierto en complicidad con funcionarios del ahora viejo régimen- y las necesidades de comunicar y anunciar productos, marcas, eventos y acciones bien se pueden solucionar a través de los medios de comunicación, los cuales recuperarían cuentas perdidas reduciendo así su brutal dependencia de los gobiernos locales con la consiguiente ganancia en independencia, autonomía y libertad.