
Si se trata de poner algunas piezas de arte en el camellón, ¿por qué convertirlas en anuncios?
Es burdo y de mal gusto encargarle a un artista (¿quién es por cierto?) unas piezas artísticas que al mismo tiempo intentan convencernos de leer El Sol de Puebla, comprar un Volvo o ver los grandes programas que pasan por TV Azteca.
Además muchas de ellas están mal ubicadas: bloquean el paso de los peatones que cruzan la calle, obligándolos a pisar el pasto, de por sí ya muy pisado y lastimado por falta de riego y porque todo mundo lo pisa.
