Puebla sin anuncios

En este espacio propongo algo sencillo: quitar todos los anuncios, toda la publicidad de las calles de Puebla.

Alrededor de esta propuesta hay una idea de ciudad, de lo que quisiera que fuera esta ciudad en la que nací y vivo. Estoy recabando textos, ideas e imágenes para pensar con otros la ciudad. Lo que debiera ser una ciudad. Lo que queremos que sea Puebla y lo que no queremos para ella.

Hay mucho qué decir, anímate: decirlo ya es hacerlo real.


Escribe tus comentarios directamente en cada texto del blog.

Si tienes un texto que quisieras publicar en el blog mándamelo y lo subo de inmediato. Sólo que de plano a mi juicio no venga al caso no lo subiré. De otra manera aquí lo verás, digas lo que digas.



Si quieres comunicarte directamente conmigo mi dirección de correo es escalera@profetica.com.mx


José Luis Escalera



No hay anuncios en Sao Paulo, Brasil

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lunes, 17 de noviembre de 2008

De "Viaje al Japón"

Leyendo "Viaje al Japón" de Francisco Díaz Covarrubias, me encontré este parrafito, donde comenta sobre los anuncios a la vista desde el tren que lo llevaba a San Francisco, en el lejano año de 1874. Muchos años han pasado desde entonces. En Estados Unidos se dieron cuenta del pequeño favor que se hacían a ellos mismos ensuciando el paisaje con anuncios y los regularon de manera inteligente, en algunos casos drástica. En Puebla, 134 años después, los anuncios en las calles nos siguen pareciendo la cima de la "modernidad" y el "progreso". Vaya.


Mejor que hable Díaz Covarrubias:

Una de las cosas que llaman la atención del viajero en los Estados Unidos, es la multitud de anuncios que de todos tamaños, de todos los colores imaginables, y con los caracteres más variados y fantásticos se hallan escritos en cuanto lugar susceptible de recibir un rótulo. Sabido es que las fachadas de los edificios desaparecen a veces bajo los cartelones que prometen todo género de mercancías; pero lo más original es que, no sólo las barreras del camino aun en medio del desierto, están igualmente cubiertas de letreros, sino también las rocas y hasta el interior de los túneles y de los snow sheds, no obstante la profunda oscuridad que en ellos reina. El anglo-americano calcula que con la fugaz claridad pueden acaso fijarse por casualidad los distraídos ojos de un viajero en el anuncio de algún objeto que necesite, y rápida como la visión que la despierta, venirle la idea de adquirirlo en el primer lugar poblado de su tránsito.




Francisco Díaz Covarrubias, "Viaje al Japón", Ediciones de Educación y Cultura, Puebla, 2008.