Puebla sin anuncios

En este espacio propongo algo sencillo: quitar todos los anuncios, toda la publicidad de las calles de Puebla.

Alrededor de esta propuesta hay una idea de ciudad, de lo que quisiera que fuera esta ciudad en la que nací y vivo. Estoy recabando textos, ideas e imágenes para pensar con otros la ciudad. Lo que debiera ser una ciudad. Lo que queremos que sea Puebla y lo que no queremos para ella.

Hay mucho qué decir, anímate: decirlo ya es hacerlo real.


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José Luis Escalera



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miércoles, 12 de septiembre de 2007

París no se construyó en un día


En su Exégesis de los lugares comunes (Acantilado, Barcelona, 2007) León Bloy se refiere al Burgués –así, con mayúsculas- como “el hombre que no hace ningún uso de la facultad de pensar y que vive o parece vivir sin haber sentido un solo día la necesidad de comprender cosa alguna”. A partir de ésa cruda definición Bloy se dedica a lo largo del libro a desarmar con humor, ironía e inteligencia notables, los lugares comunes con los que el burgués intenta llenar los vacíos de su intelecto.

No resisto la tentación de transcribir su entrada XLIX:

París no se construyó en un día


"Es posible. No sé cuántos días habrán hecho falta para construir una ciudad tan grande, pero me parece bastante probable que hayan sido varios. Por lo demás, eso no tiene la menor importancia.

Lo que tiene importancia para el estudio moral y filosófico del Burgués es su deseo, continuamente expresado en esa forma, de que París no haya sido construido en un día. En esa frase hay algo que le atormenta. Podría pensarse que nada le es más indiferente. Pues bien, no. Si París hubiera sido construido en un día, este hombre estaría desesperado. Vería en ello un atentado casi inconfesable al espíritu prosaico, al poquito a poco, a la sosería; en fin, una especie de milagro.

La verdad, sin embargo, debe ser dicha. París, tal y como es hoy en día, con su millón de casas, evidentemente no ha podido ser construido en veinticuatro horas, sobre todo si se tiene en cuenta la estatua de Gambetta y el puente de Alejandro III, que pertenecen a esa clase de obras maestras que no se hacen deprisa y corriendo.

Sin embargo, este inmenso París tuvo un comienzo. Hubo un momento en que no había nada a las dos orillas del Sena y hubo otro momento, consecutivo al primero, en que empezó a haber algo, un techo de junco, una choza cualquiera hecha para durar. En ese preciso instante pude decirse, y debe decirse, que París estaba virtualmente, potencialmente y, por consiguiente, completamente construido. Y añado que debía ser mucho más hermoso, incomparablemente, inconmensurablemente, inimaginablemente más hermoso.
Pero, ¿cómo explicarlo?"

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